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Adriana Niño: Puntada a puntada por la integración

Actualizado: 29 mar 2021


Cada diálogo de Adriana Niño con sus vecinas, familiares y amigas es una oportunidad de sembrar semillas para la integración de su comunidad en Los Patios, municipio del área metropolitana de Cúcuta, donde ahora conviven ciudadanos de múltiples procedencias.


Adriana llegó a Norte de Santander siendo aún una jovencita tímida. Venía con sus padres y su hermana de Boyacá, de donde tuvieron que salir tras afrontar dificultades de seguridad. Después de andar por varios municipios y de varias vueltas que dio la vida, Adriana y su mamá se establecieron en Los Patios, donde encontraron una comunidad que las acogió. Con su gran habilidad y conocimiento de las artesanías de Boyacá, Adriana encontró la oportunidad de enseñar a grupos de mujeres de varias comunidades.


El haber vivido la experiencia de llegar a asentarse con su familia en un territorio desconocido ha forjado su proyecto de vida: apoyar a las mujeres para desarrollar medios de vida en un entorno de paz y de acogida por los que llegan con la necesidad de un nuevo arraigo.

Desde que fundaron su organización “Mujeres emprendedoras de Paz” con el apoyo de la Fundación Progresar, Adriana y las mujeres de Los Patios se han formado en cursos de artesanías, pastelería, cocteles, muñequería, belenismo, emprendimiento y comunicación, que las han llevado a crear sus medios de vida. Es el caso de Olga, quien ahora se dedica a las manualidades y la pastelería: “Monté una venta de arepas y pasteles en la entrada de mi casa. Ahora vivo de eso y de los bolsos que tejemos y vendemos a las amigas”.


Así le van ganando a la discriminación

Actualmente, la organización cuenta con 40 mujeres, entre migrantes y comunidad receptora. Desde que las mujeres migrantes se han vinculado al grupo, Adriana y las demás lideresas se han propuesto su integración: “Anteriormente ellas tomaban los cursos y el SENA no las certificaba, pero ahora sí permite que se capaciten e incluso apoya sus unidades productivas igual que las nuestras, eso ha sido un gran paso”, dice Adriana.



Y cuando las mujeres, migrantes o receptoras, no cuentan con recursos para comprar los materiales de un curso, entre todas consiguen la harina, la tela, hacen rifas o venden pasteles y así recogen el dinero que les permita a todas participar.



“Al principio, cuando llegaban mujeres venezolanas, algunas de las integrantes de la organización las rechazaban”, continúa Adriana. Por eso, una de sus principales motivaciones ha sido la armonía entre ellas, y no pierde oportunidad de crear momentos para unirlas, ya sea practicando una receta o creando una manualidad: “Ellas se ponen a trabajar, a hablarse, y empiezan a ver las experiencias de cada una, ya no por el lugar de donde vienen, sino por ser mujeres; empiezan a encontrar situaciones comunes, como lo que tuvieron que hacer para comprar el arroz, que un familiar las trató mal, en fin. Así vamos, paso a paso, consiguiendo que las mujeres que rechazan al migrante cambien esa forma de pensar”.



Con esa convicción, y las semillas que siembra cada día, Adriana ha logrado gestar un movimiento de mujeres que, además de crecer hacia su desarrollo económico aprende, puntada a puntada, a tejer la integración.



"Tenemos que quitar la barrera que nos separa en nuestras comunidades, esa discriminación del migrante. La manualidad nos ha ayudado mucho. Toma tiempo, pero ahí vamos y lo vamos a lograr”


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