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Yazmín Pinzón: Estamos construyendo paz

Con su apoyo a las mujeres migrantes y retornadas, Yazmín contribuye al empoderamiento de las mujeres y la prevención de violencias


Un par de coloridos zapatos de crochet puestos sobre un butaco a la entrada de su casa en el barrio Camilo Daza de Cúcuta son el primer signo de la mujer que la habita.


La madeja de hilo verde junto a los zapatos es el material con que Yazmín Pinzón y las mujeres que la rodean han dado a las vecinas del sector las bases para surgir por sus propias manos.

En noviembre pasado conformaron su corporación para seguir capacitando mujeres y llevarlas a empoderarse y a generar ingresos. Además de ser vecinas, muchas de ellas tienen en común haber vivido en Colombia y Venezuela y haber afrontado grandes desafíos en ambos lugares a raíz de la pobreza y de las violencias contra las mujeres y los extranjeros; no en vano le dieron a la corporación el nombre “Dios nos Brinda una Segunda Oportunidad”.


Con gesto dulce y voz enérgica, Yazmín cuenta que han gestado 35 capacitaciones en confecciones, macramé, patronaje, bisutería, bordados, mercadeo y ventas y servicio al cliente, en las que han participado 200 mujeres vinculadas a la corporación. Johanna, su coequipera, se siente orgullosa de haber ayudado a otras mujeres “para que ellas tengan un recurso como sostenerse. Si la mujer tiene un arte, algo con lo que trabajar, ella puede salir adelante”. Y Yazmín complementa: “cuando una mujer cuenta con los recursos para salir adelante es menos vulnerable a ser víctima de violencias”.


En ese espacio de confianza que han creado, han aprendido también a orientarlas para evitar que caigan en situaciones que hoy en día afectan especialmente a las mujeres migrantes, como la Trata de Personas:


“Las mujeres venezolanas no conocen el territorio y no tienen malicia, no saben identificar situaciones de riesgo. Yo creo que todo esto puede tener un cambio desde las mujeres y que podemos evitar que les pase", dice Yazmín.

Por los derechos de los migrantes

Su apoyo a la población migrante es decidido: ha gestionado ayuda humanitaria para familias asentadas en barrios marginales; atención psicológica para personas que lo necesitan, y se ha preparado para enrutarlas hacia las instituciones según cada caso; incluso las ha orientado para hacer derechos de petición ante las entidades del Estado. “Es especial compartir con esa mujer que llega a uno y siente confianza; poderla abrazar, poderla sentir y compartir con ella; darle ese ánimo, esa voz de aliento”, dice, y recuerda cuando ella encontró quien la reconfortara en Venezuela.


Ahora toda su fuerza está puesta en la corporación. Con sus talleres motivan a las mujeres a unirse, a conformar nuevas organizaciones y emprender proyectos productivos: “Queremos conseguir cuatro hectáreas de tierra para sembrar moringa, hacer galpones con mil pollos, criar 50 cochinos, 50 chivos y hacer artesanías”. Su mayor satisfacción es ver a las mujeres capacitadas creciendo en liderazgo:


“Hay mucho potencial en mujeres que quieren hacer trabajo social y conformar una red de líderes. Entre todas, estamos construyendo paz”.




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